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Te enseño lo que se...
Hace no tanto tiempo, como hace unos 10 años atrás, solíamos ir con mi mama y mi papa a la casa de mis abuelos que está a dos horas de la ciudad para comenzar las vacaciones o solo pasar la navidad, a veces me aburría, pero siempre lo veía como un escape a la ciudad y todo el “ruido" que hay normalmente incluso en ciudades pequeñas como en la que crecí.

Esas navidades que pasábamos en el campo fueron memorables mirando en perspectiva porque me hacían valorar lo simple, mis abuelos eran personas simples que toda su vida vivieron en el campo y de lo que les daba la tierra, como la mayoría de nuestros viejos, ellos aprendían a darle el valor a las cosas a medida en que las iban logrando.

Todos los años cuando me iba a visitarlos en ese pequeño pueblo al centro de la provincia de Formosa, me sorprendía la calidez de la gente que sin conocerme me saludaba, algo que casi me asustaba porque en la ciudad no saludamos a extraños jaja, además me sorprendía también que a pesar de la humildad de ciertas familias nunca se negaban a compartir lo poco que tenían o a invitarnos a pasar y sentarnos a su mesa. Era increíble y aun hoy me resulta increíble que existan personas con un corazón más grande que sus posesiones.

La gente de campo tiene ese no se que solo se aprecia cuando lo vemos como natural aunque en las ciudades los que se jactan de ser humildes y solidarios no siempre lo son sinceramente.
Esos valores de la gente simple como los que viven en pequeñas comunidades o familias sólidamente formadas en la ética son difíciles de replicar en las grandes urbes o cuando existe el interés de por medio, pero los que conservan esa esencia de solidaridad y de aprecio real por el bienestar de los otros siempre son muy bien recibidos por sus pares.

Incluso la gente como mi abuela, a la que le encantaba cocinarnos unos panes caseros en su horno de leña o la de sus vecinos que compartían con nosotros comidas que ellos mismos hacían con lo que obtenían de sus pequeños animales o cultivos, son especiales porque sin querer transmiten un estilo de vida basado en el desapego en el interés común y no solamente en el ojo por ojo tan normal en las sociedades en donde nos solemos criar.

En este siglo la simpleza y la humildad son valores que parecen quedar atrás y hasta son menospreciados, lo que es igual a olvidar la esencia de lo que somos y queremos para nuestros hijos.

Recordar para que vivimos y lo que se siente para cada uno de nosotros lograr una casa nueva, una sonrisa en el otro o un simple logro personal que puede ser compartido, es una forma de complementarnos con el entorno, con el pasado y con esos valores, porque un vamos a lograr metas si olvidamos quiénes somos y de dónde venimos y mucho menos si pretendemos ignorar que nuestros viejos fueron más simples pero nosotros tenemos el deber de ser mas prácticos al vivir en esta época llena de oportunidades como nunca antes ha habido con tanta facilidad, incluso para personas que nunca antes se han replanteado su forma de vivir la vida.

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